La Sinagoga de los iconoclastas, de J.R.Wilcock

La Sinagoga de los iconoclastas, de J.R.Wilcock

Evocación:

juan_rodolfo_wilcock_tarjeta

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“Otra persona sobria es mi amigo Juan Rodolfo Wilcock, que lleva años viviendo en el campo, en una casita sencilla, con pocos muebles, escasos cacharros, y un estante de libros. Creo que en su guardarropa sólo hay dos viejas chaquetas, tres o cuatro camisas desgastadas, algún pullover agujereado y unos cuantos pantalones de pana: todo ello ropa comprada en mercados de segunda mano. Además del teléfono, del cual también se sirve para charlas con los amigos, sus grandes lujos son un viejo Volkswagen, con el cual (pero cada vez menos) aparece en ocasiones en Roma, y una buena radio para escuchar, cuando lo dan y tiene ganas, un lied de Hugo Wolf o un cuarteto de Anton Webern. Pero tampoco él trabaja: escribe poemas y cuentos, pergueña algun artículo para la prensa, traduce dramas elisabethianos y, echado en un diván, lee y relee a Joyce y Wittgenstein.”
Ruggero Guarini.

Fragmento de un artículo de Ruggero Guarini, autor de la Novela “Parodia”.


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13 August 2010 - Clasificado en: literatura - Etiquetas: , , , - Henzo Lafuente @ 2:39

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Cecil Taylor, cuento de Cesar Aira

De “Fin de siglo” (1987)

Amanecer en Manhattan. Con las primeras luces, muy inciertas, cruza las últimas calles una prostituta negra que vuelve a su cuarto después de una noche de trabajo. Despeinada, ojerosa, el frío de la hora transfigura su borrachera en una estúpida lucidez, un ajado apartamiento del mundo. No ha salido de su barrio habitual, por lo que no le queda mucho camino que recorrer. El paso es lento; podría estar retrocediendo; cualquier distracción podría disolver el tiempo en el espacio. Aunque en realidad desea dormir, en este punto ni siquiera lo recuerda. Hay muy poca gente afuera; los pocos que salen a esa hora (o los que no tienen de dónde salir) la conocen y por lo tanto no miran sus zapatos altísimos, violeta, su falda estrecha con su largo tajo, ni los ojos que de cualquier modo no mirarían otros, vidriosos o blandos. Se trata de una calle angosta, un número cualquiera de calle, con casas viejas. Después vienen dos cuadras de construcciones algo más modernas, pero en peores condiciones; comercios, vagos condominios de los que se desploma una escalera de incendios, una cornisa sucia. Pasando una esquina está el edificio donde duerme hasta la tarde, en una habitación alquilada que comparte con dos niños, sus hermanos. Pero antes, sucede algo: se ha formado un grupo de trasnochados; una media docena de hombres reunidos en la mitad de este callejón miran una vidriera. Siente curiosidad por estas turbias estatuas. Nada se mueve en ellos, ni siquiera el humo de un cigarrillo. A ella no le quedan cigarrillos. Avanza mirándolos, y como si fueran el punto que necesitaba para enganchar el hilo del cual sostenerse, su paso se vuelve algo más liviano, más suspendido. Cuando llega, los hombres tampoco la miran. Necesita unos instantes para comprender de qué se trata. Están frente a un negocio abandonado. Detrás de la vidriera sucia hay una penumbra, y en ellas cajas polvorientas y escombros. Pero además hay un gato, y frente a él, de espaldas al vidrio, una rata. Ambos animales se miran sin moverse, la caza ha llegado a su fin, y la víctima no tiene escape. El gato tensa con sublime parsimonia todos sus nervios. Los espectadores se han vuelto seres de piedra, ya no estatuas: planetas, el frío mismo del universo… La prostituta golpea la vidriera con la cartera, el gato se distrae una fracción de segundo y eso le basta a la rata para escaparse. Los hombres despiertan de la contemplación, miran con disgusto a la negra cómplice, un borracho la escupe, dos la siguen… antes de que termine de desvanecerse la oscuridad tiene lugar algún hecho de violencia.
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12 November 2009 - Clasificado en: literatura - Etiquetas: , , - Henzo Lafuente @ 22:24

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Adagio para viola d’amore, cuento de Néstor Sánchez

Cuento de Néstor Sánchez (1935-2003), del libro “La condición efímera” (1988)

“Sánchez deja entrever a un viejo poeta -¿Juan L.Ortiz?- caminando hacia su propia laguna mental hecha de agua tiza, sin botes ni juncos ni más pájaros que la música de Telemann volando en su cabeza.”

-Héctor Libertella, “11 relatos argentinos del siglo XX” (Una antología alternativa).

A Hugo Gola

Y en alguna medida capaz de volvérsenos irreprochable, querido viejo, vienen a traerlo un poco por telones de fondo, por frases interrumpidas para siempre, las mortificaciones de su Rilke empeñado en alcanzar alguna vez los beneficios de la soledad perfecta o perfeccionable: cierto instante o mejor sospecha de instante con prolongaciones mudas y sucesivas en que podría (entonces les sería dado) recogerse de toda credulidad en la vida minúscula -o acaso dijeron de común acuerdo ilusoria.
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24 October 2009 - Clasificado en: literatura - Etiquetas: , - Henzo Lafuente @ 19:02

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