La periodista y escritora chilena Angélica Blanco acaba de lanzar su última novela “Los Amantes del Tibet” que está contenida en un bello texto y portada idílica de la Editorial Momentum. De la autora penquista ya se han publicado otros libros tales como “Mujeres en el acontecer de Concepción”, “La Noche de las cuatro Lunas”, “Una burguesa rebelde” y “La poetisa desnuda”, todas éstas obras relacionadas con el rol de la mujer en la historia del mundo contemporáneo y de Chile en particular.

Portada novela Los Amantes del Tibet de Angélica Blanco
Angélica Blanco, por su profesión periodística, ha utilizado siempre la investigación en su narrativa para enriquecer su prosa novelesca. Ese plus aparece una vez más en la más notable de sus obras, a mi juicio: “Los Amantes del Tibet”.
Este libro deja al descubierto a esta escritora culta, apasionada y que escribe con un estilo plenamente poético y metafórico y que nos conduce una vez más al tema central de su novelística: La mujer y su rol en la sociedad actual.
Los relatos intercalados de Sofía y de Juan Carlos, exponentes de la alta burguesía santiaguina, nos dan a conocer el vacío de la pareja humana que arrastra las convenciones de sus ancestros y le toca convivir con una sociedad que ya no responde a los patrones con los que ellos fueron educados en su infancia.
Quizás ninguna generación de las últimas décadas se vio tan vapuleada entre los valores que inspiraron a sus progenitores y que ellos deben repetir ante su descendencia como las generaciones que nacieron entre los cincuentas y a comienzos de los ochentas en el siglo XX.
Después de la generación de las Flores, hace casi cincuenta años atrás, se entronizó de alguna manera la tan mentada liberación femenina.Todas las mujeres se sintieron con derecho a entrar a estudiar codo a codo carreras profesionales que antes eran de exclusiva práctica masculina como Ingeniería, Economía, Derecho, Periodismo, Medicina, entre otras, o de lo contrario, insertarse directamente en el ámbito laboral. En definitiva, las féminas quisieron estar a la par con los varones en todos los ámbitos pero la mayoría de éstas eran también madres y dueñas de casa, en otras palabras, el eje del hogar. Sin embargo, el esquema profesional unido al de madre, ama de casa, esposa y amante de las mujeres no se sostenía por sí mismo. Y muchas de ellas fracasaron en el intento, culpabilizándose internamente, porque los matrimonios en particular, comenzaron a desmoronarse. Para colmo, tuvieron que enfrentar las críticas de sus hijos que desaprobaban su comportamiento y los más audaces, abandonaron a sus familias para probar suerte con sus parejas. Optaron por vivir sus relaciones al vaivén del acontecer diario, decepcionados por los matrimonios desgastados de sus padres, que ya no tenían tiempo ni para comunicarse en la realidad porque estaban muy ocupados en realizarse individualmente.
Esta es la temática central de esta novela que nos pinta el vacío y la soledad de las familias modernas. Sofía es lo que suele definirse como una “mujer exitosa” y su marido Juan Carlos, es el retrato exacto del triunfador del mundo occidental. Sus hijos que deberían ser tan sobresalientes como sus padres son Catalina, una estudiante de teatro, y Cristóbal, abogado igual que su padre, Juan Carlos.
La que gatilla el drama de esta novela es Catalina, que desencantada del matrimonio de sus padres, donde prima el doble estándar y la frialdad, decide irse a vivir a un departamento con su pololo Ignacio, estudiante de teatro, profundamente despreciado por el padre de Catalina, Juan Carlos. Y el peso del inicio de esta tragedia familiar lo asume Sofía, una neurótica y reprimida mujer, que no sabe cómo manejar este conflicto porque siente un profundo resentimiento en contra de su marido a quién indirectamente rechaza por la huella del machismo que su padre dejó grabada en ella a partir de los cuatro años. Además culpa a su marido por el fracaso de la familia que formaron hace casi 25 años. Toma partido por el lado de su hija y de paso “castiga” a su marido al unirse a la nueva unión que inician los jóvenes actores a los que se unen el hermano Cristóbal y su novia Leticia. Juan Carlos, que por su parte, no tolera ni perdona la decisión de su hija de independizarse, ni la profesión que escogió estudiar, inicia una relación sentimental con una muchacha de la edad de su hija Catalina. Su ingesta alcohólica diaria unida a su desorientación y soledad es cada vez mayores y finalmente decide hacer abandono del hogar.
Después de la destrucción de la familia Risopatrón, Sofía busca con ansias paz, armonía y se siente cada vez más sola y angustiada porque pareciera que el único ser humano que la contiene afectivamente es su antigua empleada Dorotea, quién la acompaña desde su infancia. La irrupción en la vida de Sofía de su futura nuera Leticia, psicóloga de profesión, es el primer eslabón hacia la liberación espiritual de ésta que se halla entrampada en sus contradicciones. Así es como la protagonista opta finalmente por aproximarse a la sabiduría oriental donde parece encontrar muchas de las respuestas que los occidentales hemos perdido y emprende un viaje al Tibet, patria de sapiencia y espiritualidad.
Esta es una novela que no dejará indiferente a ningún lector porque los más maduros se sentirán identificados con la pareja matrimonial de Sofía y Juan Carlos Risopatrón y los más jóvenes con sus hijos y los respectivos novios de éstos, no importando el nivel social del cual provengan porque la problemática familiar es similar en todos los estratos sociales y económicos.
Finalmente hay que añadir que el lenguaje de Angélica Blanco es directo, fácil de leer y adornado con hermosas citas de sabios orientales y de filósofos clásicos griegos y germanos del siglo XX intercaladas a través de toda la novela que dejan entrever un narrativa muy poética, que nos obliga a releer algunas frases para disfrutar de su creatividad y belleza.
Los que desconozcan la filosofía budista y el aporte del Tibet a nuestro mundo actual encontrarán en esta novela una fuente muy importante para informarse e iniciarse en el estudio y conocimiento de estas culturas que tanto tienen que enseñarnos a los que vivimos en este lado del mundo donde se han perdido tantos valores y hay tantas interrogantes en suspenso que dilucidar.
Por Xrisí Tefarikis.