De “Tratado de Magia Negra”, Ed.FELC.

Sueños premonitorios
El sueño de José, patriarca hebreo (Génesis 37:1-36)
José, hijo de Jacob, vio durante el sueño que las garbas hechas por sus hermanos se inclinaban hacia las suyas, y a más que rodeados el sol y la luna de once estrellas, le adoraban; cuyo sueño se realizó del modo siguiente: Por la omnipotente gracias del Señor llegó José a gobernar el Egipto, y en tanto que aquel país se hallaba devastado por el hombre, suministró trigo a sus pares y hermanos, colmándolos de bienes y regalándoles después la tierra de Gesen.
El sueño de Jacob, patriarca hebreo (Génesis 28:11-19)
Aparecióse durante un sueño al patriarca Jacob una escala que se apoyaba en el cielo y en la tierra, y los ángeles bajaban y subían a su vez por ella.
Apoyado el Señor en dicha escala, prometió a Jacob y su posteridad la tierra que este dormía anunciándole que toda su descendencia sería bendecida en ella, lo que correspondió a su visión.
El sueño de Simónides de Ceos, poeta (~556-~468 a.C.)
El haber soñado este poeta con una tempestad cuando intentaba embarcarse le impidió hacerlo. En verdad, vio cómo el mar se tragaba a sus futuros compañeros de viaje, y se dio la enhorabuena de haber más bien fijado la vista a un sueño que a un débil madero. Agradecido de ello lo inmortalizó con un hermoso poema.
Los sueños que eran un solo, de Decio (cónsul 340 a. C.) y Torcuato (cónsul 347 a. C.)
Durante la guerra con los latinos, los cónsules P.Decio y T.Manlio Torcuato tuvieron un mismo sueño, hallándose acampados al pie del Vesubio. Aparecióseles a ambosun incógnito, participándoles que los dioses infernales y la tierra, madre común del género humano, reclamaban por víctima a uno de los jefes de cualquiera de los dos bandos y todo el ejército de su adversario; es decir, que el cónsul romano que atacaría el primero y sacrificaría su propia vida, fuera el que daría la gloria a su patria. Al despuntar el alba, Decio y Torcuato dirigieron sus ofrendas a los dioses, ya para servir de expiación, caso que cambiara el presagio, ya de señal inequívoca de que se hallaban prontos a sus voluntades, caso que permaneciera inalterable el querer divino. Las entrañas de las víctimas confirmaron el noble sueño, quedando entonces convenido que el primer cónsul que veira replegar el ala confiada a su mando sellaría con su vida la salvación de la patria. Atacaron uno y otro con valor, pero los dioses exigieron la vida de Decio.
El sueño de Augusto, primer emperador de Roma (63 a.C.-14 d.C.)
La noche anterior a la sangrienta batalla de Filipos, Artorio, médico de Augusto, vio en sueños a la diosa Minerva que le mandaba advirtiese al emperador asistiera al próximo combate, a pesar de la peligrosa enfermedad que le tenía postrado en la cama de su tienda. Obedeció Augusto, y en tanto que colocado en su litera entre el ejército velaba su causa, apoderóse Bruto de su campamento e infaliblemente hubiera sido su prisionero, de haber despreciado el oráculo de Minerva.
El sueño de Casio Parmensis, partidario de Marco Antonio (? – 30 a.J.C.)
Después de la batalla de Accio, Casio de Parma, se refugió en Atenas, Abatido por los disgustos y la inquietud, echóse en una cama y entregóse al sueño; pero como a la media noche le pareció se le acercaba un gigante, negro de carnes, esparcidos cabellos y barba desgreñada, el cual preguntando quién era le respondió:
-Tu genio maléfico.
Sobresaltado Casio, llamó a sus esclavos; más asegurado de que nadie había entrado ni salido, se aquietó, recobró el sueño pero vio otra vez al gigante sin que pudiera alcanzarle. Muy corto tiempo medió entre aquella noche y el día de la ejecución.
El sueño de Calpurnia (siglo I a. C.) , esposa de Julio César
Calpurnia vio en sueños a su marido acribillado de heridas y expirando en sus brazos, durante la última noche de la vida que contó este héroe. Horrorizada de tal espectáculo le suplicó que no fuera el día siguiente al Senado; pero desechando César ceñir su conducta al sueño de una mujer, dirigióse a la asamblea, donde unas manos parricidas le inmolaron a su furor.
El sueño de Amílcar, general cartaginés (~270 a.C. – 228 a.C.)
Hallándose Amílcar sitiando a Siracusa, creyó oir durante su sueño una voz que le dijo:”Mañana comerás en esta ciudad que sitias”. Llevado de la alegría, cual si el cielo le prometiera la victoria, dispone su ejército para el asalto; pero habiéndose promovido disensiones entre cartagineses y sicilianos que formaban parte de sus tropas, y aprovechándose de esta coyuntura los siracusanos, verificaron una valerosa salida, en la que se apoderaron de su campo y le entraron prisionero de ella. Engañado, más por la esperanza concebida que por el sueño, comió verdaderamente en Siracusa, pero no vencedor, sino cautivo.
El sueño de Vespasiano, emperador romano (9-79)
Encontrándose en la isla de de Acaya con Nerón, vio en sueños a un desconocido que le predijo empezaría su fortuna cuando arrancaran un diente a este emperador. Durante el día y al salir de su casa, el primer sujeto que se le presentó fue un médico que acababa de practicarle dicha operación. No tardó en morir Nerón, así como su sucesor Galba, y aprovechándose Vespasiano de la discordia entre Otón y Vitelio, hízose proclamar emperador.
El sueño de Constantino I, emperador romano (272-337)
Guiando el emperador su ejército contra Majencio (batalla del Puente Milvio, 312 d.C), vio en sueños una resplandeciente cruz y oyó decir sería vencedor si se valía de este venerado signo. Mandó al momento que, al darse la batalla, uno de los más valientes capitanes de su ejército llevara una cruz adornada de oro y piedras preciosas; y en efecto, con este feliz presagio, destruyó las tropas de Majencio y sucumbió este.
El sueño de Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra (1189-1199)
Ricardo Corazón de León vio en sueños que durante la noche un perro se batía con otro, y que una antorcha que tenía en la mano iba extinguiéndose. Esta noticia de estratagemas y emprisionamientos precedió a dos semanas de su arresto, por Leopoldo, duque de Austria, el cual le entregó al emperador de Alemania, Enrique VI, apellidado el Cruel; Ricardo fue dos años su prisionero.
El sueño de Enrique IV, rey de Francia (1553-1610)
La noche que precedió al asesinato de Enrique IV por el regicida demente François Ravaillac (1610), que lo asesinó mediante dos puñaladas, vio aquél en sueños el arco iris encima de su cabeza, signo de muerte violenta.
Cromwell, líder político y militar inglés (1599-1658)
No desistió Cromwell ante la ejecución del Carlos I, no obstante el terrible sueño que experimentó al anochecer del día de la sentencia (26 de enero de 1649). Veíase en un cementerio -presagio de futura prosperidad-, ante el verdugo, -indicio de sangrientas catástrofes-, que le colocaban en la cabeza una corona de huesos.
El sueño de María Antonieta, reina consorte de Francia (1755-1793)
Esta reina de Francia, en su prisión vio en sueños, pocas horas antes de despertarse, el nefasto 21 de enero de 1793, un sol rojo -signo fatal-, elevarse por encima de una columna que no tardó en desplomarse -pronóstico de la muerte de un gran personaje.
El sueño de Napoleón, emperador de Francia (1769-1821)
A la víspera de la batalla de Waterloo (1815), a Napoleón se le apareció en sueños, por dos veces repetidas, un gato negro – signo de traición-, que corría de uno a otro ejército. El que abandonó fue destrozado -fatal agüero- ¡Quién ignora el tristísimo resultado de la batalla del siguiente día! Se cuentan, en bajas, 40.000 hombres en el bando francés, 15.000 en el ejército anglo-holandés y 7.000 entre los prusianos.
El sueño de Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra (1189-1199)
Ricardo Corazón de León vio en sueños que durante la noche un perro se batía con otro, y que una antorcha que tenía en la mano iba extinguiéndose. Esta noticia de estratagemas y emprisionamientos precedió a dos semanas de su arresto, por Leopoldo, duque de Austria, el cual le entregó al emperador de Alemania, Enrique VI, apellidado el Cruel; Ricardo fue dos años su prisionero.