Evocación:
“Otra persona sobria es mi amigo Juan Rodolfo Wilcock, que lleva años viviendo en el campo, en una casita sencilla, con pocos muebles, escasos cacharros, y un estante de libros. Creo que en su guardarropa sólo hay dos viejas chaquetas, tres o cuatro camisas desgastadas, algún pullover agujereado y unos cuantos pantalones de pana: todo ello ropa comprada en mercados de segunda mano. Además del teléfono, del cual también se sirve para charlas con los amigos, sus grandes lujos son un viejo Volkswagen, con el cual (pero cada vez menos) aparece en ocasiones en Roma, y una buena radio para escuchar, cuando lo dan y tiene ganas, un lied de Hugo Wolf o un cuarteto de Anton Webern. Pero tampoco él trabaja: escribe poemas y cuentos, pergueña algun artículo para la prensa, traduce dramas elisabethianos y, echado en un diván, lee y relee a Joyce y Wittgenstein.”
Ruggero Guarini.Fragmento de un artículo de Ruggero Guarini, autor de la Novela “Parodia”.
Adagio para viola d’amore, cuento de Néstor Sánchez
Cuento de Néstor Sánchez (1935-2003), del libro “La condición efímera” (1988)
“Sánchez deja entrever a un viejo poeta -¿Juan L.Ortiz?- caminando hacia su propia laguna mental hecha de agua tiza, sin botes ni juncos ni más pájaros que la música de Telemann volando en su cabeza.”
-Héctor Libertella, “11 relatos argentinos del siglo XX” (Una antología alternativa).
A Hugo Gola
Y en alguna medida capaz de volvérsenos irreprochable, querido viejo, vienen a traerlo un poco por telones de fondo, por frases interrumpidas para siempre, las mortificaciones de su Rilke empeñado en alcanzar alguna vez los beneficios de la soledad perfecta o perfeccionable: cierto instante o mejor sospecha de instante con prolongaciones mudas y sucesivas en que podría (entonces les sería dado) recogerse de toda credulidad en la vida minúscula -o acaso dijeron de común acuerdo ilusoria.
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