Monterroso, rayo

El Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio, cuento de Augusto Monterroso

Una vida sin alcohol ni drogas es más sana para ti, tu familia y la sociedad

Minicuento de Augusto Monterroso.

Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho.

Análisis del cuento

En los relatos de Augusto Monterroso, unas pocas líneas pueden contener una situación completa y, al mismo tiempo, dejarla ligeramente abierta. «El rayo que cayó dos veces en el mismo sitio» pertenece a esa clase de textos en que la brevedad no elimina la complejidad, sino que obliga al lector a buscarla en aquello que apenas se dice. El punto de partida parece sencillo: un rayo cae dos veces sobre el mismo lugar. La repetición, sin embargo, introduce una anomalía que transforma un hecho natural en una pequeña historia sobre la casualidad, la memoria y la manera en que los seres humanos interpretamos aquello que se repite. Monterroso trabaja aquí con una ironía muy contenida. El rayo, fenómeno asociado tradicionalmente con la fuerza imprevisible de la naturaleza, adquiere por repetición una apariencia casi deliberada. Dos acontecimientos semejantes pueden bastar para que aparezca la sospecha de que existe una relación entre ellos, aunque esa relación quizá solo exista en nuestra necesidad de encontrarla.

La estructura mínima del cuento también juega con la lógica de la anécdota. Lo extraordinario queda presentado con una naturalidad casi administrativa, como si la segunda caída del rayo pudiera registrarse simplemente como una circunstancia más.

Esa falta de énfasis resulta decisiva: Monterroso evita explicar qué significa el acontecimiento y deja que la desproporción entre lo insólito del hecho y la sobriedad de su tratamiento produzca el efecto humorístico. El lector reconoce el viejo dicho según el cual un rayo no cae dos veces en el mismo lugar, pero el cuento parece torcerlo sin necesidad de discutirlo.

Hay además una pequeña trampa en la expresión «el mismo sitio». Un lugar puede ser considerado idéntico por quien observa desde cierta distancia, aunque la naturaleza no funcione con categorías tan precisas. El lenguaje simplifica aquello que describe y, al hacerlo, puede fabricar una certeza que los hechos quizá no sostengan del todo. La gracia del relato surge en parte de esa distancia entre lo que creemos que significa una frase y lo que podría significar literalmente. El cuento puede leerse entonces como una miniatura sobre la coincidencia, pero también sobre nuestra tendencia a convertir la coincidencia en señal. Cuando un hecho improbable ocurre una segunda vez, la repetición parece reclamar una explicación. Puede ser una cuestión de azar, una ilusión producida por la forma en que recordamos los acontecimientos o algo que el relato deliberadamente se abstiene de precisar. Monterroso deja ese pequeño espacio sin cerrar, donde la ironía continúa funcionando después de que el cuento ha terminado.